¿Por qué mi hijo no está motivado en el colegio? La educación

Ayer estuve leyendo un artículo sobre el síndrome de solomon, que indica que uno de los mayores temores del ser humano es diferenciarse del resto y no ser aceptado. Debido a esto, Solomon Asch se sorprendió al ver lo mucho que nos equivocamos al afirmar que los seres humanos somos libres para decidir nuestro propio camino en la vida. Resaltando la necesidad que tenemos de pertenecer a un grupo. En este post quiero establecer la relación entre cómo modificamos nuestra conducta por el simple hecho de pertenecer a un grupo determinado, algo mucho más acentuado si quien etiqueta y marca la norma es alguien con mucho poder. En este caso, un profesor dentro de un aula con un grupo de niños. Analizando el proceso de interacción entre profesor y alumno, en concreto cómo las creencias previas  las expectativas del docente afectan al desarrollo académico y personal del estudiante. 

En este caso, la profesora Jane Elliot realizó este experimento el día después de la muerte de Martin Luther King y se conoce el experimento como “Ojos azules vs. ojos marrones”. En el documental se muestra el poder que tiene ella (la docente) en un grupo de niños. Estableció grupos y consideró a uno de ellos (primero los ojos azules y segundo los ojos marrones) como niños considerados inferiores y vemos como estos actuaban según las expectativas de la profesora.

Un experimento que nos muestra cómo somos etiquetados fácilmente por el sistema (en este caso educativo) y cómo el comportamiento y la autoestima de una persona puede verse afectado por la información que recibe sobre su conducta y la forma de ser tratada. Aunque el experimento de Elliot trata sobre la intolerancia y tiene como objetivo concienciar a las personas (niños y adultos) sobre los efectos devastadores de la discriminación, a nosotros nos sirve de referencia para analizar el proceso de interacción entre el profesor y el alumno, en concreto cómo las creencias previas y las expectativas del docente afectan al desarrollo académico y personal del estudiante.

Gracias a Jane Elliot podemos reflexionar sobre la igualdad entre las personas. Y este tipo de experimentos nos ayudan a saber cómo y por qué se produce la discriminación y se justifica la intolerancia entre grupos sociales. Pero más allá de esto, nos ayudan también a reflexionar sobre cómo nuestros hijos se interrelacionan en la escuela y lo que puede significar un tipo determinado de educación en sus vidas.

Efecto Pigmalión en el aula (1)

El efecto Pigmalión aplicado al entorno escolar hace referencia a cómo las expectativas del profesor sobre el alumno pueden condicionar su comportamiento hacia él y afectar su evolución académica.

En un experimento clásico muy conocido (2), Robert Rosenthal y Lenore Jacobson seleccionaron al azar estudiantes en una escuela de primaria, después de realizarles  una serie de tests de inteligencia. Sin embargo,  indicaron a sus profesores que, debido a las altas capacidades de los alumnos elegidos, tendrían grandes mejoras académicas durante el curso. El análisis de los resultados académicos y las mediciones de los tests realizados ocho meses después, demostró que el rendimiento de los alumnos elegidos durante el curso mejoró considerablemente. En el aula se dio lo que se conoce en psicología como profecía autocumplida, es decir, las creencias del profesor acerca de las capacidades de sus alumnos originaron conductas que el mismo profesor esperaba. No sólo las expectativas positivas o negativas del docente pueden afectar al comportamiento del alumno (como vemos en el experimento de Elliot) sino que, además, pueden afectar al nivel intelectual del mismo.

El propio Rosenthal considera cuatro factores determinantes que permiten explicar cómo las expectativas del profesor pueden transmitirse a los alumnos de los que se espera más:

  1. Se genera un clima emocional más cercano. Esto principalmente se debe a la utilización de un lenguaje no verbal inconsciente que permite transmitir las emociones a través de gestos, expresiones faciales, tono de voz, miradas, sonrisas,… Esta comunicación no verbal constituye un complemento imprescindible del lenguaje verbal oral y permite al alumno captar y reaccionar ante los mensajes transmitidos por el profesor.
  2. Se enseña más materia. Las expectativas creadas en la capacidad del alumno hacen que el profesor se esfuerce más para explicar nuevos contenidos académicos y sea más exigente con el alumno del que espera más. Esto no ocurre con los alumnos que el profesor cree que son menos inteligentes.
  3. Se les pregunta más. El profesor confía más en las respuestas de estos alumnos, por lo que se les pregunta más y con mayor grado de dificultad. Les ayuda más en las respuestas al sugerirles alternativas, les interrumpe menos, les da más oportunidades de respuesta  y más tiempo para responder.
  4. Se les elogia más. Cuanto más se cree en el niño más se le alaba para que pueda obtener el mejor resultado. Si el profesor no cree en la capacidad del  alumno puede aceptar una respuesta incorrecta o incompleta.

 

Induciendo expectativas de éxito

Los alumnos están condicionados por su propia historia y la percepción de la propia valía es imprescindible para alcanzar los objetivos planteados, por ello, es importante que el profesor sepa inducir expectativas de éxito a sus alumnos. Para ello, para que los alumnos quieran participar en el proceso de aprendizaje, deben mejorar su motivación intrínseca. Si la materia / metodología de estudio despierta el interés del alumno éste tendrá mucha más disposición para aprender. Pero… ¿crees que hoy en día en el actual sistema educativo se fomenta esto? ¿Crees que los docentes motivan al aprendizaje incluyendo al alumno y dándole un sentido de pertenencia al grupo para facilitar su progreso?

En referencia a esto, el reconocido psicopedagogo Juan Vaello explica: “El profesor no debe tener prisa y debe romper el guión cuando sea preciso, sin cortar preguntas e intervenciones espontáneas de los alumnos […] Ha de respetar todas las intervenciones, resaltando los aspectos positivos de las mismas aunque sean incompletas” (3).

Potenciando la autoestima

La idea que tenemos sobre nuestra capacidad para afrontar una tarea o un problema, influye de forma decisiva en nuestro comportamiento. La autoestima académica constituye la percepción y valoración que hace el alumno de sí mismo asociada al entorno escolar. Si conseguimos potenciarla obtenemos una forma de motivación que mantiene una relación directa con el éxito académico, es duradera e independiente del profesor.

El docente debe contribuir a que los alumnos tengan autoconceptos positivos pero, para poder infundirlos, ha de fortalecer su propia autoestima. Hemos de predicar con el ejemplo. Cuando uno se siente satisfecho y alegre es más fácil hacer las cosas. ¿Crees que los docentes tienen una autoestima capaz de contribuir a que los alumnos tengan autoconceptos positivos? ¿Crees que trabajan su propia autoestima para transmitirla a los niños en la clase y durante la educación?

Si no se facilitan expectativas de logro y el alumno atribuye su éxito académico a acontecimientos que no puede controlar, ya sean externos (“el profesor me odia”) o internos (“yo no valgo para las matemáticas”), se puede provocar indefensión aprendida (4) (ver video), sobre todo si la autoestima es baja. Esta situación conlleva apatía casi total y una pasividad permanente. Curiosamente, la mayoría de de decisiones en el ámbito escolar relacionadas con el aprendizaje están fuera del control del alumno.

 

El profesor: gran protagonista del aprendizaje escolar

La imitación constituye una forma de aprendizaje muy potente y que se da de forma natural en los niños. Por ello, el profesor ha de convertirse en un referente válido que permita adquirir al alumno conductas nuevas a través de la observación. Como ejemplo de este importante recurso educativo, les invito a que vean el siguiente vídeo en el que se muestra lo que se conoce en psicología como aprendizaje vicario o social (5):

 

El sistema educativo / escolar actual

Muchos estudios que muestran la relación entre cognición y emoción sugieren que para optimizar el aprendizaje es imprescindible que el estado de ánimo sea positivo. Pero somos conscientes que en la escuela actual se suele resaltar todo lo que nuestros alumnos no saben hacer y cuando se da el elogio se limita a los que creemos que son nuestros mejores alumnos. De esta forma, es fácil desmoralizar a gran parte del alumnado.

Manfred Spitzer lo expresa muy bien: “¡La persona del profesor es el instrumento didáctico más potente! No es el retroproyector, la pizarra, las copias ni la presentación en Power Point. Ninguno de estos medios, sino un maestro entusiasmado por su materia, que de vez en cuando elogia a los alumnos y que tal vez sea incluso capaz de mirarles con afecto, ése es el maestro que logra poner en marcha su sistema de gratificación” (6)

La profesión docente aporta una gran satisfacción pero conlleva una enorme responsabilidad. El futuro de las nuevas generaciones está en juego y necesitamos expectativas positivas.

 

Fuentes:

  1. Jesús c. Guillén. Escuela con cerebro.
  2. Rosenthal, Robert, “ Interpersonal expectancy effects: a 30-year perspective”, American Psychological Society 3, 1994
  3. Vaello, Joan, Cómo dar clase a los que no quieren, Graó, 2011, página 194.
  4. Según Martin Seligman (demostró la indefensión aprendida en perros y generalizó su estudio al comportamiento en humanos), la teoría de la indefensión aprendida se resume así: “la expectativa de que un determinado resultado es independiente de las propias respuestas a) reduce la motivación para controlar ese resultado; b) interfiere el aprender que las respuestas controlan el resultado; y si el resultado es traumático c) produce miedo durante el tiempo que el sujeto no está seguro de la controlabilidad del resultado y, luego, depresión” (Seligman, Martin, Indefensión: En la depresión, el desarrollo y la muerte, Debate, 2000).
  5. Este tipo de aprendizaje basado en la observación fue desarrollado por el que se considera el psicólogo vivo más importante, Albert Bandura (conocido, principalmente, por su teoría del aprendizaje social y por postular el concepto de autoeficacia). Para más información sobre su biografía y teorías consultar: http://www.psicologia-online.com/ebooks/personalidad/bandura.htm
  6. Spitzer, Manfred., Aprendizaje: neurociencia y la escuela de la vida, Omega, 2005, página 194.

2 comentarios en “¿Por qué mi hijo no está motivado en el colegio? La educación

  1. Muy interesante, desgraciadamente me parece que estamos a años luz de un aprendizaje a este nivel, aunque seguro habrá muy buenos profesores no creo que se este motivando mucho a los alumnos, sólo hay que ver el nivel de fracaso escolar, creo que a muchos profesores les falta motivación y el estrés y la aptitud de algunos padres tampoco ayudan para crear un clima de autoestima y motivación que trasmitir a los alumnos.

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    1. ¡Hola Anabel! ¡Muchas gracias por tu comentario! Perdona que haya tardado en responder, que hemos estado de mudanzas :). La verdad es que no queremos generalizar. Sabemos que hay muchos profesores motivados y que motivan a sus alumnos y sabemos también que muchos docentes viven en un clima de estrés que no les permite desarrollar con éxito su trabajo. Más allá de eso, creemos que es importante que cada individuo tenga un desarrollo personalizado de sus talentos y habilidades. Que les permita aprender y crecer de forma natural a sus necesidades. Sin olvidar ninguno de los aspectos clave de la educación: emociones, valores…

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